El Articulo Protegido: Avances en el estudio de los trastornos del espectro de la neuropatía auditiva: De la precisión diagnóstica al manejo clínico personalizado. Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce la contraseña. Contraseña: Protegido: Pérdida Auditiva en Adolescentes Expuestos a Música Recreativa: una Revisión Sistemática II. Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce la contraseña. Contraseña: Protegido: La percepción de la propia voz en la adaptación de audífonos: resolución práctica del efecto de oclusión. Este contenido está protegido por contraseña. Para verlo introduce la contraseña. Contraseña: Terapia génica auditiva: presente y futuro. (Lo que ya sabemos y lo que está por llegar) La pérdida de audición es el déficit sensorial más prevalente en la biologíahumana, afectando actualmente a más de 1.500 millones de personas en todoel mundo, incluyendo todas las formas y grados de hipoacusia. De esta cifra,aproximadamente 430 millones presentan una pérdida auditiva discapacitante,una crisis de salud pública que afecta a 34 millones de niños. En el ámbitopediátrico, el impacto es especialmente crítico, ya que el 60% de los casosde sordera congénita tiene una raíz genética documentada. Durante más de un siglo, la medicina y la ciencia se centraron en la compensación de la pérdida auditiva mediante dispositivos mecánicos como audífonos e implantes cocleares. De hecho, en 1972 se realizó el primer implante coclear monocanal documentado y durante las décadas posteriores, especialmente a partir de la década de los 80, el desarrollo de los implantes multicanal supuso un hito en el tratamiento de la hipoacusia profunda, transformando la rehabilitación auditiva en niños y en adultos, en todo el mundo. Paralelamente, en los primeros años 70 emergió la terapia génica en el ámbito experimental, si bien el primer ensayo clínico exitoso en humanos data de 1990. En aquel momento el tratamiento no consiguió una cura completa (se trataba de una inmunodeficiencia grave), pero fue un paso clave que abrió la puerta a un gran número de investigaciones posteriores para otras enfermedades. Desde entonces, las terapias génicas han avanzado de forma exponencial y, de hecho, en la última década ya se aplica en tratamientos aprobados por la FDA y la EMA para enfermedades hereditarias de la retina, trastornos metabólicos raros y algunos tipos de cáncer. A partir de la década de los 80, el desarrollo de los implantes multicanal supuso un hito en el tratamiento de la hipoacusia profunda, transformando la rehabilitación auditiva en niños y en adultos. En lo relativo a la restauración biológica de la audición mediante la terapia génica, el año 2024 marca un punto de inflexión histórico, pero para comprender la magnitud de los avances actuales, es imperativo analizar la evolución del pensamiento científico desde sus inicios. Toda esta revolución se remonta al siglo XIX, cuando la biología vegetal adoptó conocimientos agrícolas para estructurar la genética mendeliana. Durante este siglo, los bioquímicos caracterizaron por primera vez el núcleo celular y los ácidos nucleicos, estableciendo la noción de que los rasgos se heredan a través de partículas específicas. En aquella época, se creía que la sangre era el mecanismo de herencia, pero los experimentos botánicos demostraron que existía un manual de instrucciones molecular. El primer ensayo clínico con terapia génica exitoso en humanos data de 1990 y en la última década, ya se aplica en tratamientos aprobados por la FDA y la EMA para enfermedades hereditarias de la retina, trastornos metabólicos raros y algunos tipos de cáncer. Esta evolución continuó en la década de los 50 del pasado siglo con el descubrimiento del «principio transformador» que demostró que el ADN era la sustancia física de la herencia y que por tanto, quizá sería posible introducir o corregir un gen en las células humanas para tratar una enfermedad desde su causa molecular. Así, experimentos con bacteriófagos (virus cuya propiedad es que infectan solo a bacterias), revelaron que los virus podían actuar como vectores, transportando material genético entre organismos sin transferir proteínas virales. Este hallazgo constituye la piedra angular de la terapia génica moderna: si un virus puede inyectar su código en una célula, es posible «secuestrar» esa capacidad para introducir genes sanos que reemplacen a los defectuosos. El descubrimiento del «principio transformador», en los años 50, demostró que el ADN era la sustancia física de la herencia, lo que hacía posible tratar una enfermedad desde su causa molecular introduciendo o corrigiendo un gen en las células humanas. No obstante, esta visión técnica ha favorecido la teoría del «determinismo genético», la creencia de que manipular un solo gen es la solución definitiva para fenotipos tan complejos como la audición humana, partiendo de la idea de que nuestro ADN define nuestro destino biológico en su totalidad. Hoy en día parece claro que el determinismo genético absoluto no existe y que hay factores coadyuvantes que deben tomarse en consideración, como la interacción genes-ambiente, o los llamados genes de «susceptibilidad», que, como la propia palabra indica, aumentan la probabilidad de desarrollar la enfermedad, pero no lo garantizan. Como se ha comentado previamente, en lo que a terapia génica de la hipoacusia se refiere, el año 2024 ha marcado un punto crítico de inflexión, ya que durante este año se reportaron los resultados de los primeros ensayos clínicos de terapia génica en personas con hipoacusia hereditaria (concretamente en la originada por mutaciones del gen OTOF, responsable de producir una proteína llamada otoferlina, crítica para la liberación de neurotransmisores desde las células ciliadas del oído interno). Estos primeros ensayos mostraron mejoras auditivas reales tras una sola administración, un hallazgo sin precedentes en la historia del tratamiento de la hipoacusia. En el ensayo clínico DB-OTO, de Regeneron, en el que ha participado España desde la aprobación del ensayo clínico por parte de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios en mayo de 2023, se documentaron mejoras auditivas significativas e incluso normalización de los umbrales auditivos en algunos casos después de 24 semanas. El reclutamiento en nuestro país se inició según las fuentes consultadas en marzo de 2024. El determinismo genético absoluto no existe, hay factores coadyuvantes que deben tomarse en consideración, como la interacción genes-ambiente o los llamados genes de «susceptibilidad». El estudio se encuentra en Fase ½, esto es, en proceso de evaluación de su seguridad y tolerabilidad y de documentación de señales preliminares de eficacia, y aparentemente continúa activo en este momento, si bien la administración del tratamiento depende de criterios muy específicos de los centros autorizados. El avance más tangible reportado recientemente es el éxito del primer ensayo clínico de terapia génica bilateral en niños con sordera recesiva tipo 9 (DFNB9), una mutación en el gen OTOF mencionado previamente. En el ensayo clínico DB-OTO, de Regeneron, se documentaron mejoras auditivas significativas e incluso normalización de los umbrales auditivos en algunos casos después de 24 semanas. En el estudio, publicado en Nature Medicine, los investigadores administraron el vector viral AAV1-hOTOF en ambos oídos de cinco pacientes pediátricos (de entre 1 y 11 años) mediante una sola intervención quirúrgica. Los resultados de este ensayo clínico han sido calificados como transformadores para la otología y la audiología actual. Entre ellos, cabe destacar los siguientes: 1. Restauración de umbrales: pacientes que inicialmente no respondían a sonidos por debajo de los 95 dB, recuperaron la audición bilateral con umbrales que bajaron hasta rangos de 50 a 58 dB en apenas 26 semanas. 2. Localización del sonido: a diferencia de la terapia unilateral, la administración binaural permitió que los niños recuperaran la capacidad de localizar la fuente del sonido. Las pruebas mostraron que el error cuadrático medio (RMSE) de localización sonora mejoró de 92.8° a 40.0°. 3. Hitos del desarrollo: el estudio documentó cómo los niños comenzaron a pronunciar sílabas y palabras sencillas como «baba» (padre) y «mama» (madre), y mostraron la capacidad de bailar al ritmo de la música por primera vez. Este ensayo demostró que la administración bilateral en una sola cirugía es segura y eficiente, evitando el riesgo de que el sistema inmune genere anticuerpos neutralizantes tras una primera dosis, lo que podría impedir un tratamiento posterior en el segundo oído. Pero la terapia génica plantea otros retos. Así, por ejemplo, parece ser que el tamaño de los genes auditivos constituye un obstáculo técnico importante. Para explicarlo de la forma más sencilla posible, el vector de virus adenoasociado (AAV), comúnmente utilizado por su baja patogenicidad, tiene una capacidad de carga limitada a 4,7 kilobases (kb). Sin embargo, el gen OTOF humano mide cerca de 6 kb, lo que supera este límite físico. Para solucionar esto, los científicos han diseñado el sistema de vector AAV dual. En este enfoque, el gen terapéutico se corta en dos mitades (segmentos 5’ y 3’), se empaquetan en dos vectores distintos y, una vez inyectados en el oído, ambas mitades deben infectar la misma célula simultáneamente. Dentro de la célula ciliada, los fragmentos se ensamblan para reconstituir la proteína funcional completa. Aunque ingeniosa, esta técnica plantea retos de eficiencia, ya que requiere una carga viral mayor para asegurar que ambos componentes coincidan en la misma célula, lo que incrementa el riesgo de inmunotoxicidad. Otra línea actual de investigación se centra en explorar estrategias para tratar la pérdida auditiva adquirida, como la inducida por ruido o por fármacos ototóxicos como el cisplatino, utilizado en quimioterapia. El avance reciente más tangible, es el éxito del primer ensayo clínico de terapia génica bilateral en niños con sordera recesiva tipo 9 (DFNB9), una mutación del gen OTOF. En estos casos, el objetivo no es siempre el reemplazo génico, sino la entrega de neurotrofinas, proteínas que actúan como factores de supervivencia. Protegen las neuronas del ganglio espiral y las sinapsis de cinta (ribbonsynapses en inglés), que son las primeras estructuras en degenerarse tras un trauma acústico. Estudios preclínicos han demostrado que la sobreexpresión de neurotrofinasNT3 puede regenerar las conexiones perdidas, restaurando la comunicación entre el oído y el cerebro. Incluso se investigan factores de transcripción como ATOH1, clave para la regeneración de células ciliadas, aunque los ensayos en humanos han mostrado que su éxito depende de otros factores, como la reinnervación nerviosa simultánea. Algunos estudios han centrado su atención en mejorar la precisión de la cirugía y las rutas de administración, ya que de ello depende en gran medida el éxito de la terapia. Las fuentes consultadas describen cuatro rutas principales: • Membrana de la Ventana Redonda (RWM): es la vía más estudiada en humanos; el vector se inyecta directamente a través de esta membrana hacia el fluido perilinfático. • Canalostomía: inyección a través de los canales semicirculares, diseñada para minimizar el trauma iatrogénico en pacientes que conservan audición residual. • Cocleostomía: acceso directo a la rampa media para bañar las células ciliadas en endolinfa, aunque conlleva un mayor riesgo de pérdida de potencial endococlear e inflamación. • Entrega vía Líquido Cefalorraquídeo (LCR): una técnica emergente que aprovecha la comunicación entre el cerebro y el oído a través del acueducto coclear, evitando la cirugía invasiva del temporal, pero con riesgo de distribución sistémica del gen. Tomando en consideración la velocidad de estos avances, un panel multidisciplinar de 46 expertos mundiales de China, EE. UU., Reino Unido, Alemania y otros países, ha establecido el primer Consenso Internacional sobre Terapia Génica para la Pérdida Auditiva Hereditaria. Este marco es vital para garantizar la seguridad del paciente y estandarizar los ensayos clínicos. Los puntos fundamentales del consenso incluyen: 1. Edad de Intervención: se establece una edad mínima recomendada de 10 meses, priorizando la recuperación temprana para maximizar la ventana de plasticidad cerebral necesaria para el lenguaje. 2. Criterios de Selección Preferente: individuos con pérdida auditiva de severa a profunda con variantes patogénicas confirmadas mediante secuenciación de nueva generación. 3. Evaluación Preoperatoria: se establece como obligatorio el uso de Resonancia Magnética (MRI) y Tomografía de Alta Resolución (HRCT) para descartar malformaciones estructurales. 4. Seguimiento y Seguridad: se exige un monitoreo postoperatorio de al menos 5 años, e idealmente de por vida, para detectar efectos adversos tardíos como la oncogénesis o respuestas inmunes severas. 5. Protocolo Farmacológico: se recomienda el uso de glucocorticoides (como dexametasona) para mitigar la respuesta inflamatoria contra el vector viral. No obstante, y a pesar del entusiasmo mediático, algunas voces académicas como las de O’Neil Guthrie, en su reciente publicación de 2025 en la revista International Journal of Molecular Sciences, instan a la prudencia y a un rigor científico extremo, y advierten sobre el fenómeno del sensacionalismo. Guthrie señala que los fracasos clínicos (como el del gen ATOH1, que fue un fracaso parcial, porque tampoco hubo eventos adversos graves) a menudo se entierran en el silencio informativo, creando una falsa percepción de éxito garantizado. Desde el punto de vista biológico, parece que el riesgo más grave es la mutagénesis insertacional. Esto ocurre cuando el ADN viral se integra de forma errónea en el genoma del paciente, activando potencialmente oncogenes que pueden provocar cáncer años después del tratamiento, o inactivando genes supresores de tumores. Además, la inyección de dosis altas de vectores puede desencadenar «tormentas de citoquinas», respuestas inmunes masivas y descontroladas que ya han causado muertes en otros campos de la medicina genética. El «milagro de la audición biológica» es casi una realidad desde el punto de vista técnico, pero según los expertos, para garantizar su seguridad, el futuro debe construirse sobre la transparencia científica y la vigilancia biológica a largo plazo. Así las cosas, los investigadores clínicos se enfrentan a un profundo dilema ético. La cuestión clave sobre la mesa es si es razonable para la ciencia asumir riesgos de mortalidad por una condición que no pone en riesgo la vida, como es la pérdida auditiva. De hecho, en la comunidad médica se expande el temor de que las familias de los niños con hipoacusia severa o profunda rechacen el implante coclear, tecnología por otra parte sobradamente probada, en aras de una cura génica que podría llegar demasiado tarde para el desarrollo del habla. El «milagro de la audición biológica» es hoy día casi una realidad desde el punto de vista técnico. Pero, según la opinión de los expertos, para garantizar su seguridad, el futuro debe construirse sobre la transparencia científica y la vigilancia biológica a largo plazo, no sobre el entusiasmo comercial. No debe verse todavía como un reemplazo absoluto de las herramientas actuales, sino como un complemento potente en un enfoque de salud auditiva personalizado. La vuelta «biológica» al sonido debe ser, por encima de todo, una intervención honesta y segura para todos. Bibliografía: Duhon, B. H., Bielefeld, E. C., Ren, Y., & Naidoo, J. (2024). Gene therapy advancements for the treatment of acquired and hereditary hearing loss. Frontiers in Audiology and Otology, 2:1423853. https://doi.org/10.3389/fauot.2024.1423853. Fan, X., Gao, Z., Zhong, J., Chen, Y., Chen, X., Landegger, L. D.,. & Shu, Y. (2026). International expert consensus on gene therapy for hereditary hearing loss: Based on clinical trials. Med, 7(100886). https://doi.org/10.1016/j.medj.2025.100886. Guthrie, O. W. (2025). Gene therapy: An historical overview for familial hearing loss. International Journal of Molecular Sciences, 26(1469). https://doi.org/10.3390/ijms26041469. Valayannopoulos, V., Bance, M., Herman, G.A., Baras, A., & Whitton, J.P. (2025). DB-OTO gene therapy for inherited deafness. The New England Journal of Medicine. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2400521. Wang, H., Chen, Y., Lv, J., Cheng, X., Cao, Q., Wang, D., ... & Shu, Y. (2024). Bilateral gene therapy in children with autosomal recessive deafness 9: Single-arm trial results. Nature Medicine, 30, 1898-1904. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03023-5. CV Autor Audióloga / Audioprotesista Licenciada en Pedagogía y Máster de Logopedia. Técnico Superior en Audiología Protésica. Especializada en Audiología Infantil y Evaluación de los trastornos del PAC en RV Alfa Centros Auditivos. Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Myriam González Counseling como competencia clínica esencial en Audiología: cuando la tecnología no es suficiente. Después de pasar por el gabinete, algunos pacientes continúan insatisfechos, incluso cuando los audífonos están bien adaptados y los resultados audiológicos son correctos. Esta aparente contradicción, nos invita a mirar más allá de lo técnico y a reconocer la dimensión emocional del tratamiento de la pérdida auditiva. En este artículo abordamos cómo el counseling se integra hoy como una herramienta clínica deseable para acompañar al paciente y potenciar el éxito de la intervención audiológica. A continuación se describe una situación que resultará familiar para cualquier audiólogo en su práctica diaria: su paciente sale de la consulta con una adaptación técnicamente correcta; curvas dentro de objetivo, ganancia funcional óptima y resultados adecuados en las pruebas verbales de validación en cabina. Sin embargo, días después, en la visita de revisión, su discurso no es el esperado. Aparecen frases como «todo suena metálico o artificial», «oigo más, pero no entiendo», «en ruido no entiendo nada», «pensaba que iba a oír como antes» o «no oigo natural». La tecnología, en estos casos, funciona y sin embargo la experiencia subjetiva del paciente no es satisfactoria. No siempre existe una correlación entre lo que los audiólogos medimos y cómo el paciente percibe realmente el sonido. Aunque los parámetros y pruebas indiquen que todo está correcto, la experiencia subjetiva del paciente puede ser muy diferente. Ante estas situaciones, la respuesta del audiólogo más frecuente es buscar la causa en el audífono: ajustar parámetros, implementar o modificar programas e incluso cambiar de tecnología. Estas intervenciones son necesarias y forman parte del trabajo habitual. Sin embargo, tanto la experiencia en consulta como la evidencia disponible indican que no siempre son suficientes. Cuando la intervención se limita únicamente a lo técnico, puede generar insatisfacción en el usuario del audífono y, al mismo tiempo, frustración en el profesional, que ve que su trabajo no produce los resultados esperados. Cuando la intervención se limita a lo técnico, puede generar insatisfacción en el usuario del audífono y frustración en el profesional, que ve que su trabajo no produce los resultados esperados. La adaptación audioprotésica es un proceso humano, no solo electroacústico. La pérdida auditiva afecta a la comunicación, la identidad, las emociones y las relaciones sociales y estos factores influyen directamente en cómo el paciente percibe y utiliza la tecnología (Manchaiah et al., 2015). En este contexto, es necesario entender que el éxito audiológico depende también de competencias clínicas no técnicas, especialmente aquellas relacionadas con la comunicación y el acompañamiento. De esta manera, el counseling no es actualmente un complemento opcional, sino una herramienta clínica esencial, integrada en la atención audiológica y respaldada por la evidencia científica. El counseling es capaz de transformar un ajuste técnico correcto en una intervención verdaderamente eficaz y centrada en la persona (Laplante-Lévesque et al., 2014). La Audiología ha experimentado una evolución importante desde sus orígenes. En sus primeras etapas, el desarrollo de pruebas audiométricas objetivas y los avances tecnológicos derivados de la Segunda Guerra Mundial orientaron la atención audiológica hacia la medición de la pérdida auditiva y su corrección mediante dispositivos. Sin embargo, a partir de las últimas décadas del siglo XX, la investigación generó un cambio de enfoque al evidenciarse que la pérdida auditiva no solo afecta a la audición, sino también a la comunicación, al bienestar emocional, las relaciones sociales y la calidad de vida. Este cambio abrió paso al concepto «atención centrada en el paciente», un modelo que reconoce al paciente como un participante activo en el proceso clínico y que integra sus necesidades, expectativas y contexto psicosocial en la toma de decisiones. De este modo, el rol del audiólogo se ha redefinido como el de un profesional de la salud comprometido con el bienestar comunicativo global de la persona (Hickson et al.2013). El counseling no es actualmente un complemento opcional, sino una herramienta clínica esencial, integrada en la atención audiológica y respaldada por la evidencia científica: es capaz de transformar un ajuste técnico correcto en una intervención verdaderamente eficaz. Un modelo de audiología que se limita exclusivamente a pruebas, protocolos y dispositivos deja de lado aspectos esenciales que influyen directamente en los resultados del tratamiento, ya que reduce la atención al aspecto técnico y no tiene en cuenta la dimensión humana del paciente. La evidencia muestra que, para que la atención sea realmente efectiva, es necesario combinar las mediciones técnicas habituales con habilidades de relación con el paciente. En otras palabras, la eficacia de la intervención audiológica no depende únicamente de la precisión de las pruebas o de la calidad de los dispositivos, sino también de la habilidad del profesional para establecer un vínculo terapéutico sólido y adaptarse al contexto psicosocial del paciente. Esto permite asegurar la comprensión de la información, favorecer la adherencia al tratamiento y ajustar el plan de rehabilitación de manera personalizada, garantizando así los mejores resultados. En Audiología, el counseling se entiende como la competencia clínica que permite al audiólogo facilitar al paciente la comprensión de su pérdida auditiva, acompañar y apoyar la adaptación, y guiarlo en la toma de decisiones sobre su tratamiento. Para realizar esta función de manera efectiva, el audiólogo debe desarrollar un conjunto de habilidades específicas, que incluyen la capacidad de escuchar activamente, interpretar correctamente las experiencias y preocupaciones del paciente, transmitir información técnica de forma comprensible y generar un entorno de confianza que favorezca la participación activa del usuario. El counseling no se limita a informar sobre resultados de pruebas o a explicar cómo funcionan los dispositivos; implica acompañar al paciente, traduciendo los datos técnicos en información con significado práctico y personal, de modo que el paciente pueda integrarlos en su vida diaria. Un modelo de audiología que se limita exclusivamente a pruebas, protocolos y dispositivos deja de lado aspectos esenciales que influyen directamente en los resultados del tratamiento. No hay que interpretar counseling como «tratamiento emocional», ni pensar que se puede improvisar o que se trata de «tener habilidades sociales». Tampoco hay que pensar que consiste en dar información de manera automática. El counseling es una práctica estructurada y entrenable, que combina los conocimientos de audiología con estrategias para acompañar al paciente de manera efectiva. Implica aplicar métodos claros y comprobados, escuchar activamente al paciente y adaptar la comunicación a sus necesidades y contexto, garantizando así comprensión, adaptación y decisiones informadas sobre su tratamiento. ¿Cuáles son las situaciones clínicas más habituales en las que el counseling se muestra esencial y puede marcar la diferencia entre una intervención audiológica meramente técnica y un proceso integral centrado en la persona? Pacientes que nunca han usado audífonos y afrontan su primera adaptación. El counseling permite contextualizar la pérdida auditiva, explicar los resultados alcanzables y guiar al paciente en el proceso de adaptación. Esta orientación inicial ajusta expectativas, reduce la ansiedad y favorece la participación activa del paciente desde el comienzo del tratamiento, lo que además contribuye a disminuir la tasa de devoluciones y asegura un uso más exitoso del dispositivo. Las intervenciones estructuradas, como la Entrevista Motivacional (Motivational Interviewing) durante consultas de seguimiento, han demostrado que los pacientes perciben un mayor beneficio funcional tras combinar counseling con el soporte técnico (Solheim, et al.2018). Usuarios con experiencias previas de adaptaciones negativas. En pacientes que han presentado experiencias previas de adaptación negativas y manifiestan ausencia de mejoras perceptibles, el proceso de counseling cumple un rol fundamental. A través de este, se facilita la revisión detallada de las experiencias anteriores con el audífono, permitiendo identificar posibles causas del fracaso en la adaptación, tales como factores técnicos, limitaciones auditivas individuales, hábitos inadecuados de uso o variables contextuales que hayan influido en los resultados obtenidos. El counseling se entiende como la competencia clínica que permite al audiólogo facilitar al paciente la comprensión de su pérdida auditiva, acompañar y apoyar la adaptación, y guiarlo en la toma de decisiones sobre su tratamiento. Este análisis conjunto con el paciente permite reajustar expectativas de manera realista, generando una comprensión más adecuada del proceso de adaptación. Asimismo, favorece la adquisición de hábitos de uso más efectivos, refuerza la percepción de beneficio funcional y contribuye a mejorar la motivación del usuario, aumentando la adherencia al tratamiento a largo plazo. Pacientes con hipoacusias fluctuantes o con pronósticos limitados. El counseling anticipa la posibilidad de variaciones auditivas y aclara los límites funcionales de la pérdida. Esto ayuda a mantener la confianza en los dispositivos, evitando que los cambios temporales se interpreten como fallos de la tecnología. En casos con limitaciones claras, permite que el paciente conozca estrategias complementarias, como entrenamiento auditivo o conectividad, y entienda que su uso responde a necesidades reales por las características de su pérdida y no a deficiencias del audífono. Al recibir esta información de forma anticipada, el paciente asume las limitaciones y requerimientos tecnológicos como algo lógico y natural, lo que reduce la frustración y facilita una participación más consciente en su proceso de adaptación y rehabilitación auditiva. Audiología pediátrica. Para los padres, el counseling proporciona la información necesaria para comprender la situación auditiva de su hijo, tomar decisiones fundamentadas y gestionar emociones asociadas. En muchas ocasiones, la consulta audiológica se convierte en el espacio donde pueden plantear preguntas, procesar la situación y recibir apoyo profesional. Una comunicación clara y empática fortalece la relación terapéutica, ayuda a la toma de decisiones y fomenta hábitos de uso consistentes, optimizando los resultados de la adaptación pediátrica. Pacientes con afectación por acúfenos. El counseling constituye el componente central para modificar la percepción y reacción del paciente frente al acúfeno. Proporciona una explicación del síntoma y del funcionamiento del sistema auditivo, enseñando a reinterpretarlo como un estímulo neutro. Esta reeducación cognitiva (aprender a procesar ese estímulo de manera diferente) es clave para lograr la habituación, reduciendo la activación automática de alerta y el estrés, como reflejan las variaciones en el THI tras el counseling. (Zarenoe, et al. 2016). Pacientes con hipoacusia mínima. En pacientes con hipoacusia mínima o incipiente, el counseling ayuda a tomar conciencia de las consecuencias de no intervenir de forma temprana, pese a que las dificultades puedan parecer leves. Se explican los efectos de demorar la adaptación, como el aumento del esfuerzo auditivo, la fatiga cognitiva y las dificultades progresivas en la comprensión del habla, especialmente en ambientes ruidosos. Asimismo, ayuda a transmitir una idea clave: cómo una adaptación temprana favorece la estimulación auditiva constante, previene estrategias compensatorias ineficaces y promueve mejores resultados funcionales y adherencia al tratamiento a largo plazo. Manejo de expectativas y aceptación del diagnóstico. En todos los casos, el counseling permite explorar y ajustar las expectativas individuales sobre lo que los audífonos pueden y no pueden hacer, facilitando la comprensión de la situación auditiva. La integración del counseling en la adaptación y ajustes del dispositivo se relaciona con mayor satisfacción general y continuidad con él, ya que los pacientes comprenden mejor los beneficios funcionales y están motivados para incorporarlos a su vida diaria (Liu et al.2021). Incorporar el counseling en la consulta diaria no implica grandes cambios ni añade complejidad al trabajo clínico. Se basa, principalmente, en ajustes en la forma de comunicarse con el paciente que pueden marcar una diferencia importante en los resultados. Esto incluye cómo se formulan las preguntas, la capacidad de escuchar activamente y respetar los silencios, y el uso de un lenguaje sencillo y comprensible, evitando tecnicismos innecesarios. Además, reconocer y validar de manera explícita lo que el paciente siente y experimenta ya que esto fortalece la relación terapéutica y mejora la calidad de la comunicación. Dentro de esta perspectiva de atención, el audiólogo debe desarrollar competencias de escucha que le permitan interpretar cómo cada paciente percibe el sonido durante el proceso de adaptación. Expresiones como «me suena raro» o «no entiendo algunos sonidos» contienen información clínica relevante que no siempre se traduce de forma directa a parámetros técnicos, pero que orienta decisiones clave durante el ajuste. Una interpretación inadecuada de estas percepciones puede derivar en ajustes poco eficaces y generar frustración tanto en el paciente como en el profesional. Por el contrario, la capacidad de vincular con precisión el relato del paciente con el funcionamiento del audífono, acompañada de una explicación clara y guiada, facilita una adaptación más efectiva y ajustes precisos y centrados en las necesidades reales del usuario. El audiólogo debe desarrollar unas habilidades específicas, como la capacidad de escuchar, transmitir información técnica de forma comprensible y generar un entorno de confianza que favorezca la participación activa del usuario. A pesar de los beneficios claros de integrar el counseling en las consultas audiológicas, es obvio que existen barreras para aplicarlo. La falta de tiempo suele ser uno de los principales obstáculos, ya que en ocasiones el ritmo de la consulta y la carga de trabajo dejan poco margen para profundizar en la experiencia del paciente. A esto se suma una formación desigual o insuficiente en habilidades de counseling, que puede generar dudas en el audiólogo sobre cómo abordar ciertos aspectos comunicativos o emocionales. Otra de estas barreras, es la presión comercial y la búsqueda de resultados rápidos, que a veces priorizan la adaptación técnica sobre el acompañamiento en el proceso. Además, en ocasiones algunos profesionales, llegan a sentir inseguridad al enfrentarse a lo emocional o subjetivo, por temor a no saber manejarlo adecuadamente. En cualquier caso, reconocer estas barreras es un primer paso imprescindible para poder superarlas e integrar el counseling de manera efectiva en la consulta. A pesar de los beneficios de integrar el counseling en las consultas audiológicas, existen barreras para aplicarlo como la falta de tiempo, la presión comercial o la búsqueda de resultados rápidos, que a veces priorizan la adaptación técnica sobre el acompañamiento. En conclusión, en la práctica audiológica actual es imprescindible dominar la técnica y la tecnología, pero es igualmente fundamental el desarrollo de habilidades de comunicación y acompañamiento al paciente, ya que de no hacerlo, ese conocimiento técnico difícilmente se traduce en los mejores resultados posibles. Bibliografía: Bennett, R. J., Singh, G., & Hickson, L. (2021). Audiological approaches to address the psychosocial needs of adults with hearingloss. Ear ScienceResearch Centre. Hickson, L., Laplante-Lévesque, A., & Wong, L. (2013). Evidence-basedpractice in audiology: Rehabilitation options for adults with hearing impairment.American Journal ofAudiology, 22(2), 329–331. Laplante-Lévesque, A., Hickson, L., & Worrall, L. (2014). Predictors of rehabilitation intervention decisions in adults with acquired hearing impairment.Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 54(5), 1385–1399. Liu, A. Q., Wu, B., & Núñez, D. A. (2021). Motivational interviewing for hearingaid use: A systematic meta-analysis. Journal of the American Academy of Audiology, 32(6), 332–338. Whicker, J., Muñoz, K., & Schultz, J. C. (2018). Counseling in audiology: Au.D. students’ perspectives and experiences.Seminars in Hearing, 39(1), 67–73. CV Autor Audióloga / Audioprotesista Directora de Audiología en Rv Alfa Centros Auditivos y Logopeda. Técnico Superior en Audiología Protésica. Diplomada en Logopedia. Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC. Experta en Acúfenos e Hiperacusia, tratamiento TRT, Audiología Infantil y Tercera Edad en RV Alfa Centros Auditivos y Logopedia. Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Sonia Bajo El sistema auditivo VII Sistema fonador Extraído del libro, Audiología: Teoría y Práctica. Capítulo 2. Anatomía funcional y fisiopatología de los sistemas auditivo, vestibular y fonador. Desde el punto de vista de la Física, para que exista sonido se requieren tres elementos: un cuerpo que vibre, un soporte físico por el que pueda transmitirse y una caja de resonancia que amplifique esas vibraciones, permitiendo que sean percibidas por el oído. El cuerpo del ser humano tiene todas esas estructuras, lo que nos permite emitir sonidos y comunicarnos entre nosotros produciendo voz. La fonación es el proceso mediante el cual se produce la voz. La voz humana es una función secundaria insertada sobre unos órganos fisiológicos con otra función primaria y vital: la respiración. La fonación es el proceso mediante el cual se produce la voz. En esencia, una corriente de aire proveniente de los pulmones va a transformarse, a su paso por el aparato fonador, hasta convertirse en sonidos apropiados para la comunicación humana. Es importante entender las diferencias entre los conceptos de habla, lenguaje y lengua. Una corriente de aire proveniente de los pulmones va a transformarse, a su paso por el aparato fonador, hasta convertirse en sonidos apropiados para la comunicación humana. Según el diccionario de la Real Academia Española, significan: Habla: acto individual del ejercicio del lenguaje, producido al elegir determinados signos, entre los que ofrece la lengua, mediante su realización oral o escrita. Lenguaje: conjunto de sonidos articulados con que el hombre manifiesta lo que piensa o siente. Lengua (o idioma): sistema de comunicación verbal y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana. Es importante entender las diferencias entre los conceptos de habla, lenguaje y lengua. Anatomía de los componentes del sistema fonador Las estructuras anatómicas del sistema de fonación o vocal que producen y controlan la voz funcionando como un todo inseparable y solidario son las estructuras del fuelle respiratorio, el aparato fonador de la laringe y las estructuras resonadoras y articulatorias (Rodríguez, 2004; Williams, 1998). Estructuras del fuelle respiratorio Durante la respiración, el sistema broncopulmonar (tráquea, bronquios y alvéolos pulmonares) actúa como fuelle de aire y la pared torácica interviene en su movilidad junto con el diafragma y los músculos abdominales. Foniátricamente, la inspiración es la que introduce aire suficiente para el adecuado funcionamiento del mecanismo de fonación, debiendo ser rápida, profunda y silenciosa. Cuando no va acompañada de voz debe ser tranquila y natural. Para proporcionar duración al sonido, el tiempo de espiración (expulsión de aire al exterior) deberá ser largo, mientras que la presión constante y lenta ejercida por el fuelle respiratorio le dará intensidad y continuidad. Foniátricamente, la inspiración es la que introduce aire suficiente para el adecuado funcionamiento del mecanismo de fonación, debiendo ser rápida, profunda y silenciosa. Aparato fonador de la laringe La laringe es el órgano productor del sonido. Situada en el cuello, se continúa hacia arriba con la faringe y hacia abajo con la tráquea (Figura 1). Está compuesta por un esqueleto cartilaginoso (parcialmente calcificado en el adulto), formado por los cartílagos tiroides, cricoides y aritenoides y por la epiglotis (que tapa la laringe durante la deglución y se levanta en el momento de la respiración y la fonación). Los ligamentos y membranas (internas y externas) unen los cartílagos entre sí. Los ligamentos vocales son imprescindibles para la fonación. También se encuentran los músculos laríngeos externos o extrínsecos (de contracción voluntaria), que fijan la laringe a regiones vecinas, e internos o intrínsecos, que actúan sobre las cuerdas vocales para la fonación. Están inervados por los nervios laríngeo superior e inferior o recurrente (rama del nervio vago). Toda la superficie interna de la laringe está revestida por una mucosa compuesta de epitelio con tejido conjuntivo y glándulas, con espesor diferente según las regiones. Las cuerdas vocales contienen un ligamento vocal en su borde libre, un músculo vocal que la fija lateralmente a la pared y una mucosa laríngeas. Su longitud varía con la edad y el sexo (en el recién nacido, 0.7 cm; en la mujer, 1.6-2 cm y en el hombre, 2-2.4 cm). La glotis o hendidura glótica es el espacio libre entre ambas cuerdas vocales. La supraglotis y la infraglotis son las regiones laríngeas situadas por encima y por debajo de ella. Las falsas cuerdas o bandas ventriculares son unos repliegues mucosos paralelos y más cortos situados sobre las cuerdas vocales (la fonación con ellas es patológica: voz de esfuerzo, destimbrada y sin calidad). Con el laringoscopio se observan las cuerdas vocales como cintas blanquecinas nacaradas que modifican la abertura glótica durante las fases de la respiración y las formas de fonación (Figura 1) (Netter, 2015; Rodríguez, 2004; Williams, 1998). Estructuras resonadoras y articulatorias El sistema de resonancia y articulación está constituido por la boca, faringe y fosas nasales que tienen partes duras (fijas) y blandas (móviles). El timbre o calidad propia de la voz se debe fundamentalmente a las características físicas de dichos órganos. La boca, situada entre el maxilar superior y la mandíbula, está limitada por los labios, dientes, lengua, paladar y faringe. Actúa articulando los fonemas y proporciona resonancia al sonido emitido en la laringe. La faringe es un órgano musculomembranoso situado en el fondo de la boca. El sistema de resonancia y articulación está constituido por la boca, faringe y fosas nasales que tienen partes duras (fijas) y blandas (móviles). El timbre o calidad propia de la voz se debe fundamentalmente a las características físicas de dichos órganos. Su porción superior (naso-, rino- o epifaringe) comunica con las fosas nasales; la media (orofaringe) enlaza con la cavidad oral (cruce de las vías respiratoria y digestiva); y la inferior (hipofaringe) se continúa por delante con la laringe y por detrás con el esófago. Su función es la coordinación de la deglución, fonación y respiración. Las fosas nasales son dos cavidades (separadas por un tabique) de gran importancia en la resonancia vocal. Comunica con los senos paranasales que tienen una participación indirecta sobre la resonancia. Para poder realizar y sincronizar los múltiples movimientos musculares que producen el sonido, su resonancia y la articulación de las palabras, es necesaria la compleja actividad del sistema nervioso, tanto voluntario como involuntario o autónomo. Los movimientos sutiles de la musculatura laríngea solo son voluntariamente controlables dependiendo del resultado sonoro. El sistema auditivo regula la fonación mediante un proceso de feed-back. A través de la información sonora que llega al cerebro, se regula automáticamente la función de los órganos fonatorios. Por tanto, el oído es imprescindible para controlar la fuerza, continuidad, altura y exactitud de la afinación de la voz (Purves, 2015). Para poder realizar y sincronizar los múltiples movimientos musculares que producen el sonido, su resonancia y la articulación de las palabras, es necesaria la compleja actividad del sistema nervioso, tanto voluntario como involuntario o autónomo. Fisiología y fisiopatología del sistema fonador La presión del aire hace que la glotis se abra y se cierre. La frecuencia de la vibración de las cuerdas vocales es la misma que la de la onda sonora que esta origina. El sonido emitido o voz es pues, el efecto conjunto de la presión infraglótica y la tensión de las cuerdas. El tono puede ascender por la mayor presión del aire y la mayor tensión de las cuerdas (y también por su menor grosor). Precisamente, el movimiento de las cuerdas vocales genera la primera gran división entre los sonidos articulados: sonidos sonoros, si las cuerdas vocales vibran, y sonidos sordos, si las cuerdas vocales no vibran. A las cavidades supraglóticas se les considera como los órganos de la articulación. Tras el paso por la laringe de la columna de aire (vibrando o no), esta recorre luego la faringe. En primer lugar, la acción del velo del paladar genera otra gran división de los sonidos articulados: orales, si el velo está adherido a la pared faríngea y el aire pasa por la cavidad bucal; nasales, si el velo cierra el paso a la cavidad bucal y el aire pasa por la cavidad nasal; y si están abiertas simultáneamente la cavidad oral y la nasal, los sonidos resultantes son oronasales (llamados habitualmente vocales nasales). La cavidad oral cambia enormemente de forma y tamaño, gracias a la gran movilidad de varios de sus órganos. La región del paladar tiene dos zonas: paladar duro (subdividido en prepaladar, mediopaladar y postpaladar) y el paladar blando o velo del paladar (subdividido en prevelar y postvelar). En la lengua se distinguen a su vez tres zonas: el ápice o punta, el dorso o parte superior (subdividido en predorso, mediodorso y postdorso) y la raíz, en el extremo posterior. Los incisivos superiores e inferiores cierran la cavidad bucal. Los alvéolos son una zona de transición entre los incisivos superiores y el comienzo del paladar. Los labios poseen una gran movilidad (Netter, 2015; Rodríguez, 2004; Williams, 1998). Neurofisiología de la audición y el habla durante el ciclo vital normal y con discapacidad auditiva Audición y desarrollo evolutivo humano Para el desarrollo evolutivo humano, la audición juega un papel importante por sus consecuencias anatómico- funcionales y en el aprendizaje. Desde la gestación, el sistema sensorial auditivo es una vía de entrada de información fundamental para el desarrollo cognitivo, lingüístico y social de la persona. Una disfunción o pérdida auditiva implica una falta de acceso a esas aferencias, lo que afecta progresivamente a la evolución del individuo. Las dificultades de aprendizaje o conducta social pueden ser prevenidas, tratadas y optimizadas con un diagnóstico e intervención sanitaria y psicoeducativa apropiadas y tempranas. La inteligencia humana es un rasgo fundamental y característico respecto a otras especies. El hombre da respuestas a su entorno y además es capaz de tomar decisiones, resolver problemas, aprender, crear, inventar, sentir emociones, etc. La capacidad intelectual permite captar, entender y comprender, de forma organizada y con significado, los estímulos ambientales, para procesarlos, relacionarlos, estructurarlos y almacenarlos, con el fin de resolver un problema y elaborar el conocimiento. Todas estas funciones se han ido desarrollando a lo largo de la evolución filogenética de la especie humana, a la vez que cambia y se construye durante la propia vida de cada individuo. La audición contribuye a la configuración de la actividad cognitiva humana y de sus estructuras neurobiológicas. El inicio de la actividad cognitiva ocurre durante el sexto mes de gestación. A partir de esta edad, se ha demostrado que el feto responde de forma estable y repetida a estímulos auditivos, visuales, propioceptivos o gustativos que son percibidos desde su entorno. Esta primitiva forma del aprendizaje humano es conocida como respuesta de habituación. Después del nacimiento continúan estos primeros aprendizajes humanos, constituyendo la base que configura el sucesivo desarrollo cognitivo durante la infancia, juventud, adultez y vejez. Una recepción auditiva prenatal adecuada tiene consecuencias conocidas. Por un lado, consolida circuitos neuronales y favorece la plasticidad de circuitos alternativos, especialmente en el lóbulo frontal y temporal. Por otro lado, posibilita los primeros aprendizajes, como la discriminación de la voz y lengua maternas, secuencias musicales o habladas, que recordará durante el período neonatal (Sastre, 2008). La audición es determinante para la construcción de los mecanismos y funciones básicas del desarrollo cognitivo, lingüístico y social, especialmente a lo largo de los primeros tres años de vida, ya que esta etapa será esencial para la configuración posterior del pensamiento, aprendizaje y comunicación socio- cultural. Durante el período preescolar (de 3 a 6 años), los niños interiorizan un pensamiento de la realidad, surgiendo el lenguaje como medio básico para la conceptualización y categorización del conocimiento, así como el control de la conducta con la intersubjetividad y planificación. La audición es determinante para la construcción de los mecanismos y funciones básicas del desarrollo cognitivo, lingüístico y social, especialmente a lo largo de los primeros tres años de vida, ya que esta etapa será esencial para la configuración posterior del pensamiento, aprendizaje y comunicación sociocultural. Al final de esta etapa, se adquieren las habilidades escolares fundamentales de la lectura y la escritura. Toda esta evolución postnatal favorece el establecimiento y consolidación de áreas funcionales en la corteza cerebral en continua maduración. Para ello es fundamental la recepción y la posibilidad de procesamiento de los estímulos auditivos. El cerebro infantil está modificándose constantemente gracias a la estimulación y experiencia sensorial. Cualquier cambio funcional cerebral produce alteraciones en el comportamiento y viceversa. Esta maleabilidad o plasticidad es mucho mayor cuanto menor sea la edad del individuo. Una adecuada y precoz detección e intervención en los casos de trastornos auditivos, reduce considerablemente los efectos nocivos de la privación auditiva. De ahí la importancia de realizar un implante coclear, por ejemplo, a la menor edad posible. (Laureano y cols. 2017; Sastre, 2008). Procesos normales de la conducta auditiva a lo largo del ciclo vital El sistema nervioso central utiliza de forma activa, con fines específicos, la información que es oída a través del sistema auditivo de una forma pasiva. Toda la información del mundo exterior que constantemente adquiere la persona oyente a través de los sentidos, es combinada con el conocimiento que ha aprendido y almacenado en varias regiones de su cerebro. Las funciones cotidianas de oír (percibir el sonido por el oído), escuchar (prestar atención a lo que se oye), comprender (integrar y relacionar de forma cognitiva la información recibida para entenderla) y comunicar (expresar los pensamientos o ideas para compartirlos con otros), requieren operaciones cognitivas generales, tales como la atención, la memoria y el lenguaje. Hasta ahora se han conseguido grandes progresos en las investigaciones anatómicas y fisiológicas que explican cómo el sistema nervioso coordina toda la información, por ejemplo, para la comunicación. Más recientemente, gracias a las nuevas tecnologías aplicadas a estudios fisiológicos y epidemiológicos, se está profundizando en la neurociencia cognitiva y en el desarrollo de nuevos métodos para el análisis de los hechos que ocurren en las interacciones entre el procesamiento auditivo y el cognitivo. Además, los avances técnicos en el tratamiento de señales digitales ofrecen opciones de rehabilitación que no eran posibles con los sistemas más antiguos. Algunos de los innovadores estudios sobre la relación entre la audición y la cognición están motivados por una serie de hechos no bien explicados, tales como: • Que ciertas personas tengan mayores dificultades de discriminación en ambientes acústicos complejos de la vida real, no está justificado por una exclusiva deficiencia auditiva. • Que en situaciones de multitarea haya una disminución del rendimiento cognitivo, manifestándose con problemas para recordar y/o comprender el lenguaje hablado. • Que cuando están conservadas las capacidades cognitivas en adultos mayores, se consigue un apoyo para compensar la disminución en el procesamiento de la información sensorial auditiva, lo que podría dar origen a nuevas intervenciones de rehabilitación audiológica. • Que algunos factores cognitivos puedan servir como predictores del éxito con la adaptación de audífonos que usan tecnologías de acción rápida y con un procesamiento de señales complejo. • Que los trastornos de procesamiento auditivo pueden predecir y acelerar la aparición de síntomas de algunos trastornos cognitivos en adultos mayores, tales como la demencia (Pichora-Fuller, 2007, Chasteen et al., 2015). El papel del audiólogo resulta muy eficaz en equipos interprofesionales geriátricos para los cuidados de los adultos mayores. Por un lado, la información sobre la función auditiva y cognitiva puede ser compartida en los casos que se evidencie un deterioro cognitivo clínicamente significativo o que exista un riesgo de padecerlo. Por otro lado, las diferencias individuales en la función cognitiva de los adultos sanos, independientemente de la edad, se ha convertido en un factor que puede ayudar al audiólogo en sus intervenciones para mejorar la facilidad de escuchar en situaciones difíciles. Sin embargo, aún no se conoce bien qué tipo de prueba cognitiva sería la más adecuada para ser usada por los audiólogos o cómo han de aplicarse los parámetros cognitivos. Las diferencias individuales en la función cognitiva de los adultos sanos, independientemente de la edad, se ha convertido en un factor que puede ayudar al audiólogo en sus intervenciones para mejorar la facilidad de escuchar en situaciones difíciles. Probablemente, algunas de las pruebas más prometedoras sean las fundamentadas en ejercicios de memoria, ya que se han venido usando en investigaciones sobre la comprensión del lenguaje, pero será necesario adaptarlas para superar algunos obstáculos relacionados con la viabilidad y la aceptabilidad de la prueba. Una posible aplicación de las pruebas cognitivas en audiología sería utilizarlas para diferenciar a los individuos con una función cognitiva alta o baja, y en función de ello, seleccionar el tipo de audífono más apropiado. El papel del audiólogo resulta muy eficaz en equipos interprofesionales geriátricos para los cuidados de los adultos mayores. Por un lado, la información sobre la función auditiva y cognitiva puede ser compartida en los casos que se evidencie un deterioro cognitivo clínicamente significativo o que exista un riesgo de padecerlo Por ejemplo, a una persona que se desempeña bien en una prueba cognitiva se le podría adaptar un audífono que utilice un rápido procesamiento de señales complejas; y a otra persona, con peor grado cognitivo, se le podría equipar con un dispositivo de acción más lenta o simple, o bien, se le podría facilitar la aclimatación progresiva a un audífono más complejo. Las pruebas cognitivas también podrían ser útiles en audiología para evaluar si la mejora en la audición es el resultado de la adaptación de audífonos o de otros tipos de rehabilitaciones. Una posible aplicación de las pruebas cognitivas en audiología sería utilizarlas para diferenciar a los individuos con una función cognitiva alta o baja, y en función de ello, seleccionar el tipo de audífono más apropiado. A veces no es fácil encontrar diferencias significativas en el beneficio de los audífonos para muchas personas a través de pruebas estándar de discriminación de palabras. Sin embargo, sí es posible mostrar diferencias debidas al uso de determinados audífonos cuando se hacen mediciones de la cantidad que el individuo oyó y recordó. Con los recientes avances en la neurociencia y la tecnología de procesamiento de señales, es factible incorporar las medidas cognitivas en la práctica audiológica (Laureano y cols. 2017; Pichora-Fuller, 2007). Las pruebas cognitivas también podrían ser útiles en audiología para evaluar si la mejora en la audición es el resultado de la adaptación de audífonos o de otros tipos de rehabilitaciones. Modificaciones en el procesamiento cognitivo del lenguaje por la edad En los últimos años, uno de los estudios prioritarios en la investigación psicolingüística se basa en el proceso de envejecimiento cognitivo y en cuál es su efecto en las tareas de producción del lenguaje y de su comprensión. Es evidente el interés que despierta por su trascendencia social y demográfica debido al progresivo envejecimiento de la población mundial, al ir incrementándose la esperanza de vida media. Es importante distinguir entre el envejecimiento normal y el patológico y en cómo repercute este en el lenguaje, ya que puede afectar a las capacidades intelectuales de los adultos mayores en la futura sociedad. Además, podría ayudar a definir las condiciones para reducir los efectos de dicho deterioro (Véliz, 2010). Por el momento, no parece existir una explicación aclaratoria de las diferencias lingüísticas asociadas al natural envejecimiento. Faltan evidencias empíricas que corroboren los datos que muestran la existencia de un factor de orden cognitivo, como la reducción de la capacidad de la memoria operativa, para explicar el procesamiento y comprensión de oraciones por los adultos mayores. Solo se muestran diferencias cualitativas al comparar jóvenes y ancianos, por lo que se apunta que al aumentar mucho la edad, el cerebro trata de compensar las deficiencias o limitaciones cambiando sus patrones de actividad. Además, se ha de investigar si factores culturales y sociales pueden estar relacionados con los efectos del envejecimiento en las habilidades lingüísticas comunicativas. Es importante distinguir entre el envejecimiento normal y el patológico y en cómo repercute este en el lenguaje, ya que puede afectar a las capacidades intelectuales de los adultos mayores en la futura sociedad. Además, podría ayudar a definir las condiciones para reducir los efectos de dicho deterioro (Véliz, 2010). El proceso de envejecer no es simplemente cumplir años, sino los complejos cambios producidos en múltiples áreas, en los que intervienen diferentes factores y variables, difíciles de separar al querer llevar a cabo estudios experimentales. Se hacen necesarios planteamientos de investigaciones del envejecimiento lingüístico cognitivo bajo un punto de vista evolutivo que integre el proceso, desde la adquisición temprana del lenguaje, hasta la que se produce en el adulto mayor. Igualmente, se deberían hacer abordajes metodológicos que integren aspectos psicolingüísticos con estudios conductuales e investigación neurofisiológica, sobre todo, con la utilización de nuevas tecnologías que permitan obtener imágenes precisas de las funciones cerebrales. Con datos más precisos se pueden abordar hipótesis fundamentadas en planteamientos experimentales más decisivos y evaluables (Véliz, 2010). El oído sano interviene en funciones básicas de coordinación junto a otros sentidos que constituyen el sistema sensorial de la espaciocepción: vista, oído, tacto, órgano vestibular del equilibrio y propiocepción. Repercusiones de la deficiencia auditiva en otros sistemas sensoriales El oído sano interviene en funciones básicas de coordinación junto a otros sentidos que constituyen el sistema sensorial de la espaciocepción: vista, oído, tacto, órgano vestibular del equilibrio y propiocepción. La vista y el oído son sentidos que, indistintamente, pueden servir como guía al ser humano. Normalmente, al oído le corresponden funciones de exploración y alerta, mientras que la vista es más direccional. Con hipoacusia se altera este sistema y se produce una compensación con el sentido de la vista de funciones que generalmente asume el oído. Estas estrategias se van aprendiendo, e incluso las suelen utilizar los normoyentes de forma inconsciente en algunas situaciones. Generalmente, la falta de audición provoca una mayor dependencia de los sentidos de contacto, olfato y tacto, sobre todo en casos de sorderas acompañadas con un problema visual. También ocurre que a la pérdida auditiva se añaden alteraciones en el instrumento de comunicación, el aparato fonador, o problemas de tipo neurálgico The throat, pharynx and larynx model anatomy for medical training course, teaching medicine education. Generalmente, la falta de audición provoca una mayor dependencia de los sentidos de contacto, olfato y tacto, sobre todo en casos de sorderas acompañadas con un problema visual. También ocurre que a la pérdida auditiva se añaden alteraciones en el instrumento de comunicación, el aparato fonador, o problemas de tipo neurálgico. En ocasiones, la causa que ha originado la hipoacusia lesiona el aparato vestibular que también se aloja en el oído interno, provocando problemas de equilibrio. La audición también participa con gran importancia en el desarrollo del sentido del ritmo, la estructuración del tiempo y en la orientación en el espacio. Sin embargo, la hipoacusia no impide la adquisición de habilidades en estos tres campos, aunque sí la dificulta. En ocasiones, la causa que ha originado la hipoacusia lesiona el aparato vestibular que también se aloja en el oído interno, provocando problemas de equilibrio. La pérdida de audición conlleva un menor flujo de estimulación sensorial, lo que influye sobre el nivel de satisfacción y vigilancia, y supone una menor conexión con el medio y un mayor aislamiento. Incluso suele darse con bastante frecuencia la característica de la lentitud en el deficiente auditivo. Ello podría estar relacionado con una menor familiaridad o conocimiento de una determinada tarea. Esa lentitud también podría deberse a las modificaciones en la secuenciación temporal y el ritmo, que son variables relacionadas con la audición (Purves, 2015). La audición también participa con gran importancia en el desarrollo del sentido del ritmo, la estructuración del tiempo y en la orientación en el espacio. CV Autor Profesora universitaria. Doctora en Medicina y Cirugía. Especialista en Audiología y Audioprótesis. Profesora Titular de Anatomía y Embriología Humana en la Universidad de Alicante. DRA. ANTONIA ANGULO Incluso suele darse con bastante frecuencia la característica de la lentitud en el deficiente auditivo. Esa lentitud también podría deberse a las modificaciones en la secuenciación temporal y el ritmo, que son variables relacionadas con la audición. Dehiscencia del canal semicircular superior En el número anterior de esta revista se abordó el acueducto vestibular dilatado (AVD), una anomalía del oído interno que puede afectar a la función auditiva y vestibular. En esta ocasión, nos centraremos en otra alteración relevante: la dehiscencia del canal semicircular superior (DCSS). Este artículo revisa los aspectos esenciales de la DCSS, incluyendo su fisiopatología, manifestaciones clínicas y consideraciones para el manejo, con el objetivo de ofrecer una visión clara y práctica sobre esta condición. Las primeras descripciones de este cuadro fueron realizadas por Minor(1) et al. en 1998, quienes identificaron una nueva entidad que no podía explicarse por ningún otro diagnóstico conocido. En condiciones normales, el oído interno funciona con dos componentes separados: el coclear, responsable de la audición, y el vestibular, encargado del equilibrio. Sin embargo, Minor señaló cómo, en determinadas circunstancias, un estímulo sonoro podía generar sensaciones de vértigo, e incluso, movimientos involuntarios de los ojos, conocidos como nistagmos. Los pacientes que padecían este trastorno presentaban uno o varios de los siguientes síntomas: • Desequilibrio. • Pérdida auditiva. • Hipersensibilidad a algunos sonidos de cierta frecuencia. • Intolerancia al movimiento. • Percepción aumentada de algunos sonidos como los movimientos oculares o los latidos del corazón. Los estudios de imagen realizados a estos pacientes mostraron un adelgazamiento o ausencia del hueso que recubre el canal semicircular superior del sistema vestibular. A partir de este hallazgo, se denominó a la condición «Síndrome de Dehiscencia del Canal Semicircular Superior» (DCSS). Minor planteó que la dehiscencia actúa como una «tercera ventana» en el oído interno, además de las ventanas oval y redonda. Esta apertura permite que las vibraciones sonoras se transmitan directamente al sistema vestibular, lo que provoca la sensación de vértigo. La DCSS es una patología rara y poco frecuente, difícil de diagnosticar, ya que los pacientes pueden no presentar síntomas o mostrar signos auditivos y vestibulares muy variados. Por ello, a veces puede confundirse con otras patologías auditivas. Si bien diversos estudios radiológicos, realizados a través de tomografía de alta resolución, estiman que entre el 0,5 y el 2 % de la población general presenta una dehiscencia completa o un adelgazamiento extremo de la cubierta ósea, la incidencia clínica —es decir, los casos que desarrollan síntomas vestibulares o auditivos— es menor. La DCSS es una patología poco frecuente y difícil de diagnosticar, ya que los pacientes pueden no presentar síntomas o mostrar signos auditivos y vestibulares muy variados, que pueden confundirse con otras patologías auditivas. R. Lorenzo(2) et al. plantean dos posibles orígenes de la alteración: • Origen congénito: explica el fenómeno por la interrupción o retraso de la osificación de la cubierta del canal semicircular durante el desarrollo embrionario. Avala este criterio la presencia de este fenómeno en distintos síndromes, como Síndrome de Alagille, Waardenburg, Apert, Hallemann-Streiff o Síndrome de Usher. • Origen adquirido: esta teoría propone que la dehiscencia del canal semicircular puede desarrollarse cuando un evento posterior al nacimiento actúa sobre una capa de hueso anormalmente delgada, provocando su apertura. Entre estos factores se encuentran el aumento de la presión intracraneal o laberíntica, los traumatismos craneales y procesos inflamatorios o degenerativos del hueso, como la osteólisis o la osteoporosis. También se incluyen patologías que comprometen directamente el hueso temporal, como el colesteatoma en la porción petrosa, la displasia fibrosa, la histiocitosis del hueso temporal y el granuloma eosinofílico. Por último, se han descrito dehiscencias posquirúrgicas, por ejemplo, tras cirugía del saco endolinfático. Esto demuestra que un segundo evento puede ser suficiente para generar la apertura ósea en individuos con predisposición anatómica. Diversos estudios radiológicos, realizados a través de tomografía de alta resolución, estiman que entre el 0,5 y el 2 % de la población presenta una dehiscencia completa, aunque la incidencia clínica es menor. En cualquier caso, los estudios muestran mayor prevalencia radiológica con la edad, lo que sugiere que muchas dehiscencias se desarrollan o se hacen sintomáticas más tarde en la vida. En cuanto al tratamiento, la primera opción para el manejo de la dehiscencia del canal semicircular posterior suele ser la observación, la corrección audioprotésica y el seguimiento, recomendando del paciente para evitar los estímulos que desencadenan los síntomas. No obstante, cuando los episodios de mareo, vértigo y los problemas auditivos son persistentes o interfieren con la vida diaria, los especialistas pueden considerar la intervención quirúrgica. Antes de tomar esta decisión, especialistas de ORL y Neurología evaluarán los riesgos y beneficios del procedimiento. El tratamiento de la DCSS suele ser la corrección audioprotésica y el seguimiento, recomendando del paciente para evitar los estímulos que desencadenan los síntomas, pero si los episodios de mareo, vértigo y los problemas auditivos son persistentes o interfieren con la vida diaria, los especialistas pueden considerar la intervención quirúrgica. Dehiscencia del canal semicircular superior (DCSS). Según Peress(3) et al. no se recomienda la cirugía cuando el objetivo exclusivo es mejorar la audición, dado que los resultados auditivos en estos casos no son siempre predecibles. La DCSS es una condición anatómica asociada a un signo clínico específico denominado «fenómeno de Tullio». El fenómeno de Tullio se caracteriza por la aparición de vértigo, desequilibrio o nistagmos en respuesta a estímulos sonoros o cambios de presión en el oído. Fue descrito por primera vez a principios del siglo XX por el fisiólogo italiano Pietro Tullio, quien demostró en experimentos con animales que las vibraciones sonoras podían activar el sistema vestibular encargado del equilibrio. En humanos, este fenómeno se observó inicialmente en pacientes con sífilis avanzada, en los que la destrucción ósea del laberinto generaba pequeñas comunicaciones anómalas entre el oído medio y el interno. Posteriormente se comprobó que el fenómeno de Tullio no era exclusivo de una enfermedad, sino que puede presentarse en diversas patologías del oído interno que alteran la barrera ósea o membranosa del laberinto. El mecanismo subyacente común es la presencia de la «tercera ventana» descrita por Minor, es decir, una abertura adicional a las ventanas oval y redonda que permite que las ondas sonoras o los cambios de presión estimulen de manera inadecuada los receptores vestibulares. Esta estimulación anómala genera desplazamientos de la endolinfa y activa los canales semicirculares, produciendo los síntomas característicos del fenómeno. Se habla de «signo de Hennebert» si los síntomas los desencadena una presión sobre el canal auditivo (no sonido). Las causas más frecuentemente asociadas al fenómeno de Tullio son la dehiscencia del canal semicircular superior y la fístula perilinfática, una comunicación anormal entre el oído medio y el interno. También puede observarse en la enfermedad de Ménière, la otosclerosis, el colesteatoma con erosión laberíntica, tras traumatismos craneales o cirugías del oído medio como la estapedectomía o la timpanomastoidectomía. En la actualidad, la dehiscencia del canal semicircular superior es la causa más reconocida. Por todo esto, la DCSS se considera una enfermedad multifactorial, en la que coexisten factores congénitos, genéticos y adquiridos. La DCSS se considera una enfermedad multifactorial, en la que coexisten factores congénitos, genéticos y adquiridos. Hay que diferenciar la fístula perilinfática(5) de la DCSS, que, como en el caso del AVD comparten sintomatología. Esta se define como una comunicación anormal entre el oído interno lleno de perilinfa y el oído medio, mastoides o cavidad intracraneal, a través de la ventana oval o redonda, usualmente. El criterio de diagnóstico diferencial se basa en la identificación visual de la fístula y/o en la detección de CTP (una proteína presente casi exclusivamente en la perilinfa) a partir del lavado del oído medio (MEL). Al igual que la DCSSn predomina la pérdida en las frecuencias graves, aunque la afectación en frecuencias puede variar según la localización y extensión de la fístula. Con relación a la pérdida auditiva, la DCSS produce una hipoacusia «pseudo-conductiva». La tercera ventana anómala en el canal semicircular superior altera la transmisión normal de la energía sonora y parte de esa energía que debería transmitirse hacia la cóclea para la audición se escapa hacia esa tercera ventana. Como resultado, las pruebas auditivas muestran un aumento del umbral aéreo (hipoacusia conductiva), aunque la cadena osicular y la membrana timpánica estén intactas. Esto motiva que, en términos generales, la discriminación auditiva en el DCSS se vea menos afectada que en el acueducto vestibular dilatado (AVD). Esto se concreta en hallazgos característicos en la audiometría: gap aéreo-óseo con umbrales óseos normales o mejores en frecuencias graves, lo que puede confundirse con una otosclerosis si no se estudia bien. La DCSSL genera, por tanto, hipoacusia con mayor afectación de frecuencias bajas (perfil inverso). Es característico del síndrome, el aumento de la sensibilidad al sonido (hiperacusia). Las pruebas auditivas en estos casos, muestran un aumento del umbral aéreo, aunque la cadena osicular y la membrana timpánica estén intactas, lo que motiva que la discriminación auditiva en el DCSS se vea menos afectada que en el acueducto vestibular dilatado (AVD). La «tercera ventana adicional» altera la forma en que se distribuye la presión dentro del oído interno. En lugar de concentrarse en la cóclea para generar la sensación auditiva, parte de la energía se desvía hacia el sistema. Como consecuencia, las vibraciones óseas se transmiten de manera exagerada, haciendo que los sonidos de la propia voz, los latidos o incluso los movimientos oculares se perciban anormalmente fuertes, ya que la derivación de presión generada por la dehiscencia facilita la transmisión ósea directa del sonido al laberinto. En resumen, es frecuente que estos pacientes puedan experimentar acúfeno pulsátil, es decir, la percepción de ruidos que siguen el ritmo del pulso o de los latidos del corazón, así como «oscilopsia», la sensación de que los objetos se mueven cuando en realidad están quietos. Como ya se ha comentado, el vértigo y la oscilopsia pueden desencadenarse por actividades que alteran la presión intracraneal o en el oído, como toser, hacer ejercicio, levantar objetos pesados, escuchar ruidos fuertes o estornudar. Es frecuente que estos pacientes puedan experimentar acúfeno pulsátil, es decir, la percepción de ruidos que siguen el ritmo del pulso o de los latidos del corazón, así como «oscilopsia», la sensación de que los objetos se mueven cuando en realidad están quietos. En la rehabilitación audioprotésica de estos pacientes se pueden considerar los siguientes aspectos: • En pacientes con dehiscencia del canal semicircular superior, la adaptación de audífonos constituye una solución viable y recomendable. • Los audífonos deben programarse considerando la pérdida neurosensorial a pesar de su carácter pseudoconductivo, aplicando una programación conservadora con ajustes cuidadosos de ganancia y máxima presión de salida (MPO) para evitar la sobreestimulación vestibular. • Se recomienda emplear protocolos de pendiente inversa(4) cuando el perfil audiométrico lo precise. Los audífonos deben programarse considerando la pérdida neurosensorial a pesar de su carácter pseudoconductivo, aplicando una programación conservadora con ajustes cuidadosos de ganancia y máxima presión de salida para evitar la sobreestimulación vestibular. • Es fundamental un monitoreo y seguimiento flexible, controlando las fluctuaciones auditivas y derivando al ORL si es preciso. • Ajuste de los audífonos según la respuesta funcional de cada individuo. • Al igual que en los casos de AVD, la educación al paciente y a la familia es clave, explicando qué situaciones o sonidos pueden desencadenar vértigo, y cómo manejar el audífono para prevenir este síntoma. • La adaptación debe ser personalizada, teniendo en cuenta que cada paciente puede reaccionar de forma distinta debido a la interacción entre la estimulación auditiva y el sistema vestibular. • Se pueden usar las herramientas de descenso frecuencial de los audífonos si hay limitaciones de potencia por síntomas vestibulares al amplificar frecuencias agudas. • Hay que complementar la adaptación con dispositivos de frecuencia modulada, micrófonos remotos y accesorios que ayuden a paliar las limitaciones de potencia de la amplificación. En resumen, conocer estas patologías poco frecuentes permite que el audioprotesista aborde estos casos excepcionales con mayor seguridad, evitando las falsas creencias derivadas del desconocimiento y sabiendo a qué signos y síntomas prestar atención, para optimizar la comunicación. Bibliografía: (1)Minor LB, Solomon D, Zinreich JS, Zee DS. “Sound- and/or pressure-induced vertigo due to bone dehiscence of the superior semicircular canal.” Arch Otolaryngol Head Neck Surg. 1998;124(3):249-258. (2)Lorenzo, R., Cisneros, A. I., & Whyte, J. (2017). Revisión sobre los conocimientos actuales de dehiscencia del canal semicircular posterior [Review of current knowledge of the dehiscence in the semicircular posterior canal]. Revista de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, 77(3). (3)Peress L. Telian SA. Srinivasan A. Dehiscence of the posterior semicircular canal. Am J Otolaryngol 2015; 36: 77-9. (4)Bajo, S. (2021). Retos de la adaptación de audífonos en hipoacusias de perfil inverso. Gaceta Audio. https://www.revistagacetaudio.es/el-experto/retos-de-la-adaptacion-de-audifonos/. (5)Sarna B, Abouzari M, Merna C, Jamshidi S, Saber T, Djalilian HR. Perilymphatic Fistula: A Review of Classification, Etiology, Diagnosis, and Treatment. Frontiers in Neurology. 2020;11:1046. DOI:10.3389/fneur.2020.01046. CV Autor Audióloga / Audioprotesista Técnico Superior en Audiología Protésica. Diplomada en Logopedia. Habilitación Tinnitus & Hyperacusis Therapy MC. Experta en Acúfenos e Hiperacusia y tratamiento TRT, en RV Alfa Centros Auditivos. Docente en el Máster de Audiología de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. Sonia Bajo Otalgia en paciente usuario de CPAP y audífono: presentación de un caso clínico La presión positiva continua en la vía aérea (CPAP) constituye el tratamiento de elección para el síndrome de apnea obstructiva del sueño.Aunque se considera segura, en algunos pacientes puede inducir efectos secundarios otológicos debido a la transmisión de presión a través de la trompa de Eustaquio hacia el oído medio. Presentamos el caso de un paciente con hipoacusia neurosensorial bilateral adaptado con audífonos RITE, usuario crónico de CPAP, que desarrolló otalgia y sensación de taponamiento tras varias horas de uso de audífonos durante el día, después de haber dormido con CPAP. En las siguientes líneas, se describen los hallazgos audiológicos, el razonamiento clínico y la solución mediante la modificación del venting de las tulipas; se revisa la literatura disponible sobre los efectos del CPAP en oído medio; y se van a abordar las implicaciones clínicas para la práctica audiológica. La CPAP (Continuous Positive Airway Pressure) es el tratamiento más efectivo y extendido para el síndrome de apnea obstructiva del sueño (SAOS)(1). Su mecanismo de acción consiste en generar una presión positiva constante en la vía aérea superior, evitando el colapso de las paredes faríngeas durante el sueño(2). A pesar de su elevada eficacia, no está exenta de efectos secundarios. Entre los más habituales se encuentran la congestión nasal, la sequedad de mucosas, la irritación ocular o el disconfort por la mascarilla(3). En menor proporción, se han descrito síntomas otológicos como otalgia, sensación de plenitud y disfunción tubárica, e incluso casos de barotrauma timpánico(4). Estos efectos se explican por la transmisión de la presión positiva desde la nasofaringe hacia el oído medio a través de la trompa de Eustaquio(5). Aunque suelen ser transitorios y benignos, pueden generar una repercusión clínica significativa en pacientes con factores predisponentes, como una membrana timpánica hiperlaxa(9). En el ámbito de la audiología protésica, la interacción entre CPAP y adaptadores de audífonos adquiere relevancia. El grado de ventilación de moldes o tulipas puede modular la sensación de oclusión y el equilibrio de presiones en el conducto auditivo(6). Una ventilación insuficiente aumenta la probabilidad de acumulación de presión y molestias auditivas. A continuación, presentamos un caso clínico ilustrativo y una revisión de la literatura sobre este fenómeno. Una ventilación adecuada en tulipas o moldes protésicos permite equilibrar presiones, aliviar el taponamiento y prevenir el dolor sin comprometer la ganancia auditiva. CASO CLÍNICO Varón de 58 años, usuario de CPAP nasal nocturna desde hacía 12 años por SAOS moderado, sin antecedentes otológicos relevantes. El paciente utilizaba audífonos retroauriculares de receptor en canal (RITE) con tulipa estándar. Tras despertar por la mañana y retirar la CPAP, se colocaba los audífonos en torno a las 11:30 h. Después de aproximadamente 5–6 horas de uso continuado de audífonos, aparecía una sensación progresiva de taponamiento en el oído derecho, acompañada de dificultad para la comprensión verbal y, posteriormente, de otalgia. La otoscopia mostró membranas timpánicas íntegras, destacando en el oído derecho un aspecto hiperlaxo. La timpanometría reveló curvas tipo A bilaterales, con compliancia elevada en el oído derecho. La audiometría tonal liminar evidenció hipoacusia neurosensorial moderada bilateral, algo más marcada en frecuencias agudas. El uso de la CPAP puede afectar al oído medio, provocando sensación de taponamiento o dolor debido a los cambios de presión durante el sueño. La adaptación protésica se verificó mediante medidas en oído real con sonda microfónica. La REUG mostró un comportamiento normal en ambos oídos, mientras que la REAG se ajustaba adecuadamente a la prescripción NAL-NL2, con un índice SII favorable(18). Estos resultados confirmaron que la adaptación electroacústica era correcta, descartando problemas de programación como causa de la molestia. Se sospechó que el cuadro estaba relacionado con la combinación de la presión nocturna inducida por la CPAP en oído medio y el efecto oclusivo de la tulipa durante el día. Se ensayaron diferentes opciones de adaptación, observándose una mejoría significativa con una tulipa más ventilada, que permitió restablecer el confort sin aparición de dolor. Tras repetir la verificación con sonda, la REAG se mantuvo estable respecto a la prescripción, demostrando que la ganancia objetivo se preservaba con la nueva configuración. En el seguimiento, el paciente permaneció asintomático, manteniendo de forma combinada el uso de CPAP nocturna y audífonos diurnos. DISCUSIÓN La trompa de Eustaquio constituye el mecanismo fisiológico de ventilación y equilibrio de presiones del oído medio. Durante la terapia con CPAP, la presión positiva en la nasofaringe puede transmitirse al oído medio, especialmente si la trompa de Eustaquio permanece permeable durante el sueño(7). Diversos estudios han documentado incrementos de la presión intratimpánica durante el uso de CPAP, con magnitudes que oscilan entre 5 y 15 daPa dependiendo del nivel de presión aplicado(8). En la mayoría de pacientes, estas variaciones no tienen repercusión clínica. Sin embargo, en individuos con tímpano hiperlaxo, como en el caso descrito, incluso pequeños cambios pueden inducir sensación de presión, plenitud u otalgia(9). En este paciente, la REM con sonda microfónica confirmó que la adaptación protésica era adecuada. La REAG próxima a la prescripción NAL-NL2 descartó un error de programación o exceso de ganancia como causa de la molestia. La hipótesis más plausible es que la CPAP nocturna elevaba transitoriamente la presión en oído medio y el efecto oclusivo de las tulipas durante varias horas de uso diurno impedía una correcta compensación, desencadenando el taponamiento y el dolor. La literatura recoge reportes de complicaciones otológicas asociadas al CPAP, incluyendo barotrauma, otitis media serosa y disfunción tubárica(10-12-13). Aunque infrecuentes, estos casos refuerzan la necesidad de vigilancia otológica en usuarios de CPAP, especialmente en aquellos con antecedentes timpánicos. Nuestro caso refuerza que la interacción entre terapias (CPAP y audífonos) puede originar síntomas inesperados que solo se resuelven con una adaptación protésica personalizada. IMPLICACIONES CLÍNICAS - Los pacientes usuarios de CPAP nocturna y audífonos durante el día pueden presentar molestias aurales relacionadas con la interacción de ambos tratamientos. - En presencia de tímpanos hiperlaxos o disfunción tubárica, estas molestias pueden manifestarse incluso con presiones bajas. - La ventilación de los adaptadores protésicos constituye una medida eficaz para aliviar la sensación de taponamiento y prevenir la otalgia(14). - La REM con sonda microfónica es esencial para confirmar que la adaptación electroacústica es correcta y descartar errores de programación(18). - La colaboración entre audiología, otorrinolaringología y neumología es clave en la atención de estos pacientes. CONCLUSIONES El caso presentado demuestra cómo la interacción entre CPAP y audífonos puede generar efectos secundarios otológicos relevantes, particularmente en pacientes con tímpano hiperlaxo. La aparición de otalgia y taponamiento después de varias horas de uso diurno de audífonos, tras haber utilizado CPAP nocturna, subraya la necesidad de una evaluación clínica cuidadosa. En pacientes con tímpano hiperlaxo, incluso leves variaciones de presión pueden generar molestias significativas durante el uso combinado de CPAP y audífonos. La incorporación de la REM con sonda microfónica permitió confirmar que la adaptación auditiva era correcta, ayudando a descartar un problema de programación y centrando la atención en la influencia combinada de la CPAP y el venting de la tulipa. La modificación de la ventilación resolvió el problema de manera eficaz, evidenciando la importancia de la personalización en la adaptación protésica. Se requieren más estudios clínicos que analicen de forma sistemática los efectos de la CPAP sobre el oído medio y su interacción con ayudas auditivas, a fin de elaborar protocolos de actuación más específicos. Mientras tanto, la experiencia clínica y la adaptación individualizada continúan siendo la base de una práctica audiológica de calidad. La coordinación entre audiología, otorrinolaringología y neumología es esencial para optimizar la adaptación de audífonos en usuarios de CPAP. Referencias: (1) Sullivan CE, Issa FG, Berthon-Jones M, Eves L. Reversalof obstructive sleep apnoea by continuous positive airway pressure applied through the nares. Lancet. 1981;1(8225):862–865. (2) Kushida CA, et al. Clinical guidelines for the manual titration of positive airway pressure in patients with obstructive sleep apnea. J Clin SleepMed. 2008;4(2):157–171. (3) Weaver TE, Grunstein RR. Adherence to continuous positive airway pressure therapy: the challenge to effective treatment. Proc Am Thorac Soc. 2008;5(2):173–178. (4) Lin FY, Gurgel RK, Popelka GR. Otic barotrauma resulting from continuous positive airway pressure. Laryngoscope. 2012;122(4):963–966. (5) Sivri B, Cankaya H, et al. 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Óscar Ávila Morales Path Te puede interesar Noticias GN pone la primera piedra de su nueva sede en España, ubicada en el Parque Tecnológico de Leganés A fondo El reto de la audiología pediátrica: muchos roles y una sola misión Noticias Beltone impulsa el papel de la audiología en ópticas y refuerza su vínculo con el sector en ExpoÓptica 2026 Noticias Beltone refuerza su compromiso con la audiología en ópticas durante ExpoÓptica 2026 A fondo El sistema auditivo VI. Sistema vestibular. El experto Auracast ya está aquí; ¿qué opinan los usuarios sobre la conectividad? Lo más visto El experto Impedanciometría A fondo Patologías del oído externo Consultorio profesional ¿Cómo realizar una audiometría ósea? El experto Interpretación clínica de Pruebas Supraliminares A fondo Otitis externas